martes, 26 de julio de 2016

Clarice Lispector


La Lámpara

Qué bonita soy, dijo. ¿Quién me compra? ¿Quién me compra? —hacía un ligero mohín ante el espejo—, quién me compra: ágil y graciosa como si fuese rubia pero no soy rubia, tengo un lindo, frío, extraordinario pelo castaño. Pero yo deseo tanto que me compren que… que… ¡que me mato!, exclamó y mirando su rostro asombrado por la frase, orgullosa de su propio brío, se rió con una carcajada falsa, baja y brillante. Sí, sí, necesitaba una vida secreta para poder existir.

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