viernes, 12 de febrero de 2016

John Galliano


Si quisieras gritar no podrías, te pintaron la boca pequeñita con dos pinceladas coloridas. Tampoco te sonrojes, la capa de blanco cloro que cubre tu cara elimina todo gesto. Movimiento ninguno, río que corre en tu interior pero está congelado en tu traje. Las expresiones serán nulas, las cejas no te permitirían asombro, serán delgadas o gruesas sobre las sienes, pero de nada te servirán. Estás atrapado en tu máscara pero bien te queda ese traje dramático que llama la atención.  Puedes ser un ente celestial o una víbora voraz que se traga el mundo a través de sus ojos. 
Marcados, siempre marcados, ojos delimitados y expuestos, serán la grandeza de ese rostro inexpresivo, podrán ver y ser vistos. Mucho brillante para que no quede duda, hasta en los lagrimares por si llegas a llorar. Tantos colores en los ojos empiezan a marearte, son como puños que dejan sus marcas. Los perfumes químicos dulzones drogan a cualquiera.

Recuerda que no puedes quejarte, llevas el mapamundi en tu máscara: Japón y las boquitas de Geisha, Egipto con las líneas geométricas, Rusia blanca con rocío de nieve. El aroma leñoso de paraísos perdidos te relaja, te conectas con la tierra y olvidas esa fragancia floral que empieza a empalagarte.
Hielo derretido, gota a gota van corriendo las esencias acarameladas y empieza a refrescar como menta verde recién picada. 

Atención, las flores dramáticas no pueden ser autónomas. No puedes hablar, no puedes decir, el químico del blanco te adormece. Eres un cadáver viviente. Monstruo catapultado que emerge desde las profundidades donde la música golpea los cuerpos y los envuelve en un trance.
Tus ojos que enmarcan el mundo mientras el hedor a podrido te abruma. Y si los cierras igual te seguirán viendo y tú seguirás oliendo: capullo dramático que huele a cloro. A nadie le importa que te estés derritiendo. Te necesitan congelado y con la boquita bien cerrada.


Finge que no percibes nada, finge que es vainilla o lavanda,  que no esta descompuesto, que no lo has sentido en tu garganta: hostigándote. Y si el rancio fuerte te derrite, recuerda que podrás nadar en las profundidades marinas o lunares, ser todo aquello que no eres y olvídate del cielo al que perteneces. Pero prefieres seguir fingiendo, flor dramática química, y quedarte calladita para ser vista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada