domingo, 30 de octubre de 2016

Una adicta más

Tácticas femeninas: los zapatos

¿Adicta?: No
¿Segura?: Sí.
Ultima palabra: No. 
No sé cómo ocurrió. Nunca imaginé.
Todo pasó ya hace unos años. Era casi como un juego: abrir el armario y ponerme sus zapatos. Eran unas Doctor Martens negras, modelo bajo, talla 42, mi pie quedaba volando, pero coño, sí que deseaba los zapatos de mi hermano.
Así que lloré hasta que llegaron una botas azules imitación Martens. Por Dios, tenía nueve años y no las quería porque sabía que no eran originales. Lo mismo pasaba con los Adidas Campus. Íbamos a San Andresito de la 34, primero era dificilísimo conseguirlos de mi talla y, después, yo solo decía pero seguro que no están chimbos. Qué tal, marquera desde chiquita. Luego llegaron los New Balance grises, modelo 500 algo, les sacaba bien la lengüeta grande y mis hermanos me decían que parecía una ñera, pero no me importaba. Más adelante me enamoré de los Vans: planos, suela blanca, negro tradicional. Los usé tanto que me compré otros, pero nunca fueron como los primeros. Y los Nike también de suela blanca, paraditos en la punta, comodidad plena, hasta corrí con ellos mientras la nieve de Montreal se derretía. Al final, los Adidas Super Star, esos sí que me tocó sufrirlos, se demoraron en llegar. Fue en la finca de un amigo, siempre me habían gustado esos pinches tenis. Julian los tenía, blancos con rayas rojas. Estaban en el pasto casi como esperándome, y cuando me los puse entendí que quería hacerlos míos. 

A Jacquemus tampoco le importa, sabe que los zapatos para las damas no tienen que ser charolados y menos con moñitos. Así que miss Chung, la modelo inglesa de piernas largas, sale de primeras. Corre con sus Convers negros bota alta, los skinny jeans azul petróleo y un saco a rayas. Corre con facilidad por el túnel mientras Jacquemus la anima.

¿Una adicta más?: No
¿Segura?: Sí.
Última palabra: No sé ¿sabe?, siempre pensé que no eran lo mío, pero ahora lo estoy dudando. Es más, si no estoy mal, la primera vez que usé un par de tacones eran bien puntilla y de cuero gris claro. Me los puse con un pantalón bota de elefante. Seguro pagué diez pesos por ese par de zapatos, alrededor de tres dólares. Ibamos donde la viejitas, unas monjas que el primer domingo de cada mes sacaban un montón de ropa de segunda. Eso sí que nunca pensé que lo haría, pero Argentina traía consigo ciertas locuras. Y bueno, compré un montón de cosas como por veinte pesos, y al final terminé tirando todo, pero alcancé a salir una noche con esos zapatos, mi primera vez. Así que no sé ¿sabe?, no sé si soy a dicta a los stilettos. Si me permite decirlo: tengo mis dudas.

McQueen, en cambio, opta por subirlas hasta el cielo. Quiero que teman de la mujer que visto. Pero no era un miedo violento, era un miedo salvaje. Sus féminas no estaban armadas hasta los dientes, la oscuridad las hacía místicas y feroces, vampiros de la noche. Los elementos de la tierra combinados en una sola mujer. Daphne Guinness se prepara, águila al viento. Los años no se notan en sus piernas tonificadas: vestido negro ornamentado en el pecho, armadura que protege, el peinado abultado le da altura y dos franjas blancas en su pelo oscuro junto con los botines negros de más de 30 centímetros. Entra en el túnel, sabe que no puede ir tan rápido, sin embargo la fuerza que la eleva brindará velocidad. Volará y no pisará la tierra sucia.

Eres solo una imagen por momentos.

En el túnel Jacquemus y McQueen encerrados, nuevamente Francia e Inglaterra, pero esta es la nueva ola del siglo XXI. La mujer niña despeinada enfrentada a la femme fatal de pelo lacado.
La que juega con triángulos y cuadrados infantiles, la mujer que busca una silueta sirena. La pequeña con rayas y colores primarios, la fémina que se regocija con su oscuridad.  Es de noche y están dentro del túnel, estoy dentro del túnel, y vas con tus plataformas, diva glamurosa, erguida detrás de Daphne y McQueen: majestuosidad que roza lo sagrado. Vas caminando en esa calle hecha para ti. Pero pasar a Alexa corriendo y quieres alcanzarla. Aceleras, pero no llegas. Puta, ¿por qué no me puse los tenis?

¿Una adicta más?: No
¿Segura?: Sí.
Última palabra: No, no lo puedo negar, los zapatos planos tipo bailarinas me enloquecen, además son tan cómodos, unas zapatillas mediapunta donde el pie se mueve con libertad. Sin olvidarme de la tendinitis de hace dos años cuando la médica me prohibió volver a usarlos. Igual yo continué, un poquito no le hace daño a nadie, además acepto que fui una exagerada, sobredosis de ciudades enteras. Medio Nueva York recorrido en dos días. Los afortunados fueron un par primaverales con punta, cordones y huequitos a los extremos. Pero también están los rojos con taches, los de leopardo o los de gamuza negros con las cintas entrecruzas. Pues sí, no hay nada que hacer: soy adicta.

Ay, la experimentación


Chung y Guinness corriendo en el túnel mientras McQueen y Jacquemus las animan. Tú estarás en el medio tratando de perseguirlas, pero te pasan por el lado, son tan diferentes y a la vez la misma. Cuando decides ser una, sí o sí debes abandonar a la otra.

¿Una adicta más?: No
¿Segura?: No.
Entonces: ¿Para qué necesita una sola respuesta? Solo para satisfacerse con mi necesidad. Para qué pero las botas no están mal, un poco usadas, sí pero aún las tengo en mi armario. Las cantidades de sal que echan en Montreal para evitar fracturas, quemaron las suelas. Igual siguen siendo tan perfectas. Creo que será imposible separarme de ellas. Las deseé tanto, las vi en la vitrina durante semanas, hasta que las conseguí en rebaja. El primer día en la nieve me dio un poco de susto, pero que bah, se ajustaron a mí y fuimos una sola. Pero la lista de botas continúa, varios pares de Doctor´s —vinotintos, azules, negras y blancas— las Hunter negras, las azules con suela de madera, hasta las largas de charol que solo usé dos veces, hay que tener mucho carácter para soportar ser comparada con Xuxa.


No importa qué llevas encima si lo que te sostiene vale la pena, creo.

¿Una adicta más?: Sí
¿Segura?: Sí, completamente. 
Justifíquese: Las plataformas me encantaron desde que era niña. Las veía en las vitrinas y me decía pronto serán tuyas. Pero no fue tan pronto, ¿sabe? Me demoré en usarlas, solo en ocaciones especiales, y eso. Me encantaría salir un domingo al parque con ellas, pero hay algo que me contiene. O las noches de fiesta, lo dudo, y me voy por algo más plano. En la actualidad tengo cuatro pares: las verdes oliva que he usado muy poco, las negras de plástico que hasta me han servido para una que otra fiesta, las tropicales abiertas que me regalo papá en Cartagena, esas las he usado con medias gruesas, arranques de locura. Pero sí, adicta siempre he sido.

Quitarlos, correr descalza, describir otro look de las divas y tú en la nada. El túnel que parece no tener salida. ¿Pero cómo elegir con tantos referentes? Nunca imaginaste cumplir con el cliché femenino de los zapatos que las enloquecen. Nunca imaginaste declararte adicta como las otras, nunca pensaste amar a Alexa Chung y a Daphne Guinness al mismo tiempo. ¿Chung querrá ser Guinness en algún momento? ¿Daphne deseará a Alexa por instates? Todo sería mas fácil si ellas mismas aceptaran su contradicción. Pero son personajes, mientras tú no quieres elegir. Y seguirás corriendo descalza.

¿Sabe qué fue lo peor? los tenis con plataforma. Cuando los vi dije es que no se pude llegar tan bajo, nada mas gala y asqueroso que esos tenis. Meses después, estaba tragándome mis palabras y pasando la tarjeta.

Buscando nuevos paraísos


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