jueves, 21 de junio de 2018

Putas feministas

Tácticas femeninas: camisa de encaje almidonada

Desde hace unos días escribo esta carta en mi cabeza y te imagino en la India o en un país asiático ayudando a las mujeres a entender la palabra empoderamiento. Te recuerdo en la piscina de Melgar cuando todas se empelotaron pero yo no fui capaz: libertad europea me dije a mí misma, mientras mantenía mi pudor como el regalo más preciado. ¿Qué es vivir sin pudor Elisabeth? ¿Despejarte con total libertad?

Una intimidad erótica, una tina rosada, unas botas de terciopelo azul, un reflejo ante un espejo, unos ojos que se fijan en mujeres  multiplicadas. Una fuerza que no puede ser comprada, tampoco arrebata. Karen Lamassone y sus autorretratos en acuarela, pero Lamassone esta más cerca de ti que de mí, sin importar cuánto mire sus cuadros.

En cambio yo intento liberarme dentro de mi traje negro, un vestido de dos metros de colores oscuros, una poética postiza que  exprimo pero ya no sale nada. ¿Dónde está la fuerza? Me pregunto a diario y te lo escribo porque sé que tú también te lo preguntas, ¿crees que está en un cuerpo desnudo o en una coraza autocreada?

“En Europa lo mismo que en América al hombre le hace cosquillas el movimiento feminista como si le pasaran una pluma por las fosas nasales” escribió Laura Mendez de Cuenca en 1907. Además de la imagen tan potente me encanta la elección de las palabras. Después hablará de las reinas del hogar, pero nosotras cultivadas como flores de canela, como ella nos llamaría, seguimos luchando por eso que anhelamos ser. Amo la palabra lucha, esa militancia comprometida, el punto es cómo no quedarnos en las palabras y actuar, o tal vez son las palabras las que nos ayuden a protegernos.

Una puta feminista me declaré hace un par de días y claro que al feminismo de la segunda ola no le gustaría ese nombre y mucho menos a mi papá. Y con todos los libros sobre la mesa La plenitud de la vida y El segundo sexo de Beauvoir, Teoría  Kink Kong de Despentes e Impresiones de una mujer a solas de Laura Mendez (tienes sí o sí que leerla) paro tu carta para tomar una foto y publicarla en mis pinches Intastories… y vuelvo a decirme puta, estoy  dominada por la moda. Y mi padre, ya lo conoces, empezó a decirme que yo era una mujer y listo, que no tenía que usar esa palabra para describirme. ¿Cuál palabra papá? ¿Puta, putita? Sí, claro que lo estaba toreando, con mi rabia contenida. Y después hablamos sobre violaciones y lo mismo de siempre: si llevaba una falda muy corta, quién la manda a estar tomando trago con un par de tipos, caminado sola por la noche. Y cae una manta negra sobre todas nosotras: pudor compartido. Así qué decidí colgar, llegar hasta ahí, para que el abismo no se hiciera más profundo: no puedo pedirle que  comprenda una lucha que no ha sentido.
Fueron las teorías de Virgine Despentes  las que me ayudaron entender mi postura. Ella tan aguda para decir “la violacion es un programa político preciso: es la representación cruda y directa del ejercicio del poder”. El día que lo leí, el novio de Melissa Aguirre la mató a puñaladas, más de cincuenta en menos de seis minutos. Estoy segura de que  debí verla en alguno de sus entrenamientos de voleibol mientras yo me preparaba para mi clase de contemporáneo. Al día siguiente Facebook estalló con el video de en colombiano burlándose de una japonesa luego de la derrota en el Mundial. No sé si lo viste, al inicio me dio una rabia tremenda, después lo volví a ver y me puse a llorar. Yo soy bien perra, más puta pa donde, le dijo el colombiano para que la japonesa repitiera y ella  solo le sonreía a la cámara. Perras nos llamó, putas nos dijo a todas. Perras por usar pantalones, putas por llevar minifalda. Perras por tirar con un desconocido, putas por buscar el amor. Perras por leer a Silvina Ocampo, y bien putas por leer a Virgine Despertes, pero no pasará nada, el man del video seguirá tranquilo disfrutando del mundial, tranquilo entre comillas porque el video se volvió  viral y tuvo que pedir perdón, pero para qué si en el fondo es lo que cree así tenga hijas, así estuviera borracho. Así que publiqué: desde hoy me declaro una puta feminista, para todos esos machitos que creen ofendernos.


Después en el capítulo de “Durmiendo con el enemigo”, Despentes comenta las similitudes que encuentra entre el oficio de escritora mediatizada y el acto de prostituirse. Y claro que me sorprendió, ella lo describe como emanciparse, hacer lo que no debe hacerse, ofrecer la intimidad, y ahí me quedé perpleja. Porque la puta vanidad me persigue, la mujer objeto, pero un objeto con el que se pueda dominar el juego, creo. Pero a veces me da miedo, siento el fondo y me pongo una camisa blanca de encaje y pollerines, me cubro con el manto negro de Yamamoto, diseñador japonés,  después me deleito con las acuarelas pintadas por Karen Lamassone. ¡Ay Elisabeth! Quisiera que estuvieras aquí, a mi lado, con camisas de encajes o empelota, leyendo sobre los mitos, discutiendo a las grandes, evitando sobre todo volver a caer en la trampa del qué-maravilloso-es-ser-mujer como lo dice Monique Witting, develando el pudor, forjando una voz, siendo lo que queremos ser.


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Y es que he recorrido mucho mundo 
para estar llena de miedo
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